martes, 8 de mayo de 2012

Perroladradorperromordedor.wordpress.com


A partir de ahora estaré en:

www.perroladradorperromordedor.wordpress.com

www.huelva24.com

Digo adiós para siempre a este blog. Gracias a todos los que me leyeron, nos vemos en mis nuevas páginas, que son mejores, porque escribe más gente. Un saludo.

lunes, 30 de abril de 2012

Huelva24.com, heraldo de la prensa de occidente

Tras casi dos años de escribismo y tedio patibular, he de reconocer que me he institucionalizado. Ya no soy aquel chavalito menudo y con cara de pan que tenía un blog y cantaba en ocasiones canciones a la vida y a la navidad. No. Como mi padre lleva esperando 24 años, ya soy algo así como "un hombre", cuyo pecho demuestra virutillas de pelo retrasado y cierta inclinación a la dejadez física-estomacal. Que envejezco, vamos, cosecho dolorcillos y barriguita, me encuentro sentimentalmente atado a un mujer (y que así sea) y además me ha salido un "trabajo".  No cobro, pero ciertas almas caritativas me permiten ocupar con mis insensateces una columna de opinión en el que en poco tiempo será, como algunos visionarios lo llaman ya, el "heraldo de la prensa en occidente", el periódico online www.huelva24.com

En aras de la pluralidad informativa, este periódico se ha arriesgado a publicar los delirios de un comunista de tomo y lomo, pese a su necesidad de encontrar anunciantes y el claro impedimento que las opiniones subversivas ejercen en este sentido. No les importa, pues en www.huelva24.com el periodismo recupera su papel ideal, el de informador omnisciente y abanderado de las causas nobles.

Mis escritos, entonces, pasarán a partir de ahora a publicarse en dicho diario, con lo que agradecería enormemente que aquéllos que me leíais aquí hagáis lo propio allí, en www.huelva24.com, ya que, como diría tal vez Umberto Eco, el proceso de redacción de una obra no se completa hasta que no es leída, de manera que hasta que Ustedes, Oh amigos de la palabra, hasta que ustedes no me leen, se podría decir que no escribo nada. ¿Hace ruido un árbol que cae en mitad del bosque, sin que nadie lo oiga?   Pues el mismo ruido que hace una palabra a la que nadie lee. Existir existen, el ruido y la palabra, pero carecen de sentido hasta que por ustedes sean leída o escuchado.

Influye el tema de que mientras más visitas coseche el periódico más anunciantes tendrá, a más anunciantes, más dinero, a más dinero más posibilidades de sobrevivir. No obstante, merece la pena depositar ya sea cinco minutos o un segundo de nuestro tiempo en visitar www.huelva24.com, no sólo por la sección de opinión, sino porque hallaréis en él un espacio en que identificar el auténtico periodismo del siglo XXI, en lo que será el heraldo de toda la prensa occidental y de ultramar también.

Siempre vuestro,

Enrique Gómez (o Enrique-sâ).


lunes, 16 de abril de 2012

Apéndice sobre Juan Carlos I y los sustos que nos da



Siempre me pareció que antropológicamente hablando los borbones son una especie cuanto menos curiosa. En primer lugar porque gobiernan conforme a concepciones prehistóricas de la política que desgraciadamente han conseguido superar siglos ya de ilustración y modernidad. Hace más de doscientos años que la burguesía francesa convino en demostrar que la monarquía hereditaria era un concepto perfectamente… cercenable, digamos, merced a lo sucedido con las cabezas pensantes que la perpetraban; pero la enjundiosa línea de la dinastía borbónica no se desmoronó por esto, sino que germinó y se multiplicó como una plaga indiferente a los designios de la sociología.

Poco más o menos hace que Darwin desveló que en este nuestro planeta tierra sólo los más aptos sobreviven y que las inclemencias, déficits y enfermedades mortales depuran a las especies con tal de que únicamente los más fuertes y mejor capacitados consigan perpetuar su herencia.  Por eso digo que los borbones, antropológicamente hablando, merecen todo mi respeto y admiración por haber logrado contravenir los más consagrados axiomas occidentales, la ley de la evolución y la democracia.  No puedo evitar pensar que de haber nacido en otras circunstancias la infanta Elena tendría que recibir clases de educación especial y seguramente aparecería en el vídeo de Mendoza-Mendoza agitando los bracitos al ritmo inenarrable del hip-hop, junto con otros alumnos de su clase,  el niño Freudlan estaría ahora pidiendo, muñón en ristre, en la puerta de una iglesia y el rey andaría con el aparatito ese colgado del cuello que tiene mi pobre tía Loni para cuando se cae y esas cosas. Imagino al príncipe como un abnegado oficinista de tres a diez y a la infanta Cristina tal vez soñando con tirarse al capitán del equipo de balonmano mientras bebe cerveza en el salón de su casa viendo los mundiales. Sería bonito.

Ficciones aparte, lo que me ha sugerido escribir estas líneas no es tanto la caída del rey sino el hecho de que sucediera mientras cazaba elefantes, porque que el rey se desplome y se quiebre huesos y cultive curias vaticanas preñadas de cardenales ha dejado de ser noticia. Como cuando gana el Barça. La condición noticiosa de lo sucedido estriba, entonces, en la cacería de elefantes, que  infunde a su majestad un aire neocolonialista impropio para la casposa aristocracia española, más dada a emular a Franco y a Fraga abatiendo venados y jabatos en monterías de lódenes con pluma que a Livingston o Leopoldo sondeando sabanas y cosechando cuernos de rinocerontes bajo salacotes marrón clarito. No suena muy español, pues, eso de marcarse una barbaridad de kilómetros hasta Botsuana habiendo tanto coto privado de caza por aquí; no es patrio ni por tradición ni por lógica elemental, ya que este año en España no hay dinero ni para el abono del fútbol, cuanto menos para que el rey se vaya de safari al quinto baobab.



La condición noticiosa, decíamos, de lo sucedido, radica tanto en la cacería como en sus protagonistas, los elefantes. Pienso que en este caso convendría elevar a sujeto del relato al elefante en cuestión, más que al individuo que le quita la vida, que al fin al cabo encontramos de éste unas 7.000 millones de copias casi idénticas a lo largo del mundo. ¿Cuántos años tendría el elefante muerto hincado en el árbol que rellena la foto del rey y ese hombre parecido a Jesús Calleja? ¿Pesaría en la comunidad de elefantes a la que perteneciera o sería un elefante todavía adolescente? ¿Estaría en mitad de una migración? ¿Cuántas balas se requirieron para caerlo y cuántas en total para darle muerte? Huelga conocer estos detalles, opino, porque no estamos hablando de un animal cualquiera. Es, como sabemos, el mayor mamífero terrestre del planeta, que, quién sabe, quizá haya desarrollado cosmogonías y hasta tradiciones juglarescas entre sus civilizaciones, compuestas de individuos longevos y venerables, dotados de una memoria inefable y gran capacidad comunicativa. Quién dice que los elefantes no poseen su horóscopo y su industria cultural, sus caminos de Santiago y sus necrópolis recónditas, sus catecismos y sus pirámides nutricionales. Quién guarda argumentos para sesgar la imaginación de quien pretenda adivinar dinastías y árboles genealógicos entre los elefantes, o dioses, políticos y revolucionarios, si ya han demostrado que celebran rituales místicos ante  el cadáver de un congénere,  que hablan entre sí a más de ochenta kilómetros de distancia, que recuerdan y transmiten entre generaciones la ubicación exacta del paraíso terrenal donde encontrar siempre agua y vegetación.  A guisa de otra causa parecida, José Saramago se lamentaba que las patas de Salomón, elefante protagonista de “El viaje del elefante”, terminaran por servir de exóticos paragüeros luego de que las vaciaran tras su muerte, poco tiempo después de que llegara a su destino: “Después de hacer un largo viaje desde Lisboa hasta Viena, al elefante Salomón le cortan las patas para confeccionar un paragüero (…) sin ese final yo no hubiese escrito este libro, que es un auténtico milagro. Lo que importa no es el viaje; lo que da sentido último a la vida es lo que pasa después de la muerte”.

Empotrado en un árbol, inexpresivo como la muerte, el elefante que mató el rey ha quedado para lo mismo que quedó Salomón, mero contexto sobre una noticia de otra caída de Juan Carlos I. Ha quedado para lo mismo sin ser menores sus hazañas en vida; nació en un tiempo dado, se compuso de plantas, supo elevar tamaña osamenta sobre la tierra, enjalbegar sus enormes colmillos de dentina, refrescarse con la trompa y con los orejones, alzar la voz en grito con su barrito apocalíptico. Poco más se le exige a un elefante, pero éste, además,  estuvo a punto de acabar con la monarquía.  ¡Cuánto le debemos los españoles, todos, al elefante maravilloso!    

jueves, 12 de abril de 2012

Yo, el Delincuente

A tenor de las nuevas disposiciones legales malparidas por el PP y obscenamente fecundadas por los intereses del sistema financiero, me declaro solemnemente en estado de rebeldía. Se considerará delito penado con dos años de cárcel llamar a la violencia en la Internet,  se equipararán los actos “vandálicos” o el delito de “atentado” (se eleva a la categoría de “atentado”  la resistencia pacífica) a delitos de índole terrorista, así como atacar a las redes eléctricas de compañías privadas que se están forrando con nuestra miseria, o desobedecer al gorila de turno que lleva un traje azul, una armadura y que acostumbra a disparar contra la población. Todo esto para asegurarse de que el pueblo no interferirá en las continuas donaciones de dinero público a los bancos privados. La última inyección superó los 50.000 millones de euros, dinero que han extraído directamente de lo que nosotros producimos trabajando. Se lo han regalado, otra vez más, a bancos privados.

En este estado de cosas y aún exponiéndome a dos años de prisión, LLAMO A LA VIOLENCIA. Llamo a la violencia callejera, a la violencia contra el Estado, a la desobediencia civil y militar, a la resistencia pasiva, a la resistencia activa, a la palabrota, al disturbio, al cóctel Molotov, a la barricada, a la huelga, a la lectura.  Llamo a las bocas e imploro que se abran, llamo a las mentes libres y sugiero que reivindiquen las maravillas que aún sostienen, llamo a la gente que piensa y que no está engañada.  Hago saber que si por mí fuera ya estarían ocupándose las fábricas y las oficinas del INEM, arderían las sucursales bancarias y los contenedores, serían juzgados los políticos y los banqueros y los empresarios que han seguido despidiendo gente aún regentando empresas fértiles.
Hago saber también que yo, hallándome en plena posesión de mis facultades mentales, además de llamar a la violencia pienso resistirme pasiva y activamente a “la autoridad”, ya que no encuentro que un individuo con un palo y una escopeta tenga que tener autoridad sobre mí, que me dedico a intentar en vano comprender el mundo, aun costándome una horrible sensación de claustrofobia constante.  No creo, empero, que una persona que ni siquiera puede sostener una conversación medianamente compleja (lo digo por experiencias, varias, con la policía nacional) constituya autoridad ninguna, a quien tanto Usted, sujeto libre pensante, como yo, que lo intento, a quien nosotros debemos obedecer sin atender a mayores argumentos que “lo dice la ley”.  La ley. Me cago en la ley.

Esa ley de todo el mundo tiene derecho a una vivienda y tal, la ley de todos los españoles somos iguales ante la justicia menos los ricos y aristócratas, la ley de “toda la riqueza nacional queda subordinada al interés general”, la ley que ha dejado sin casas a unas 200.000 personas sólo desde 2008, la ley que permite que haya un 20% de paro mientras las grandes empresas obtienen beneficios históricos.  La ley, sí, la ley, y la constitución, ese sanctasanctórum democrático que Zapatero y Rajoy reforman en silencio para comprometernos a todos a pagar la deuda que España tiene con el gran capital… ¿qué deuda, carajo? ¿Qué deuda aparte de la que la gente ha contraído con entidades privadas para poder ejecutar su tan consagrado derecho a la vivienda, su tan plenamente reconocido derecho a la educación universitaria? Con qué clase de deuda ininteligible habéis comprometido a un pueblo que no hace y no ha hecho otra cosa nunca que trabajar para sobrevivir  a diferencia de ustedes, legisladores, administradores de la riqueza generada por el trabajo ajeno, poseedores de Telefónica, de Endesa, de Iberdrola, de Repsol, de Zara, del banco Santander… No nos hablen de deuda, que ya es de poca vergüenza, que la Iglesia no tributa, que los ricos roban dinero público y lo guardan en paraísos fiscales, que vais a perdonar a los grandes estafadores haciéndoles pagar sólo un 10% del dinero que han obtenido traficando con armas, o con drogas, o con gente, que nos habéis quitado la sanidad y la educación para pagar a bancos privados, que vendéis la soberanía nacional a precio de saldo por entre los magnates de la carroña, que Cristiano Ronaldo cobra 12 millones de euros por jugar al fútbol, no nos digáis que hay que apretarse el cinturón cuando el sueldo mínimo es de 641 euros, que César Alierta, de Telefónica, ganó unos 10 millones de euros él solo en 2011, mientras dejaba en la calle a 6.500 personas a través de un ERE.  Llamo a la violencia porque el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte no natural en España, y pienso que sería más útil que estos nuevos suicidas se inmolasen frente a los políticos y los banqueros en lugar de hacerlo en la intimidad de sus casas, a ver si con suerte les salta a ellos una llama, o un disparo, o una palabra, o un último estertor. Llamo a la violencia ejercida en forma de desobediencia, en forma de trinchera callejera, en forma de huelga, en forma de piquete, en forma de oración, de texto, de puñetazo, pero violencia, por favor, oposición. No creo que haya otra manera de alcanzar la libertad, sinceramente. 

sábado, 31 de marzo de 2012

Programa para marxistas


Conviene discutir, en esta época pre-revolucionaria, acerca del papel del Estado hoy y el compadreo que se traen el régimen parlamentario burgués y el sistema productivo del capital. Se oye en esta España nuestra desde algunas conciencias más o menos lúcidas que las empresas importantes deberían ser de titularidad estatal, para que la producción no sea fuente de riqueza ilimitada para el explotador que especula con los bienes de consumo. En esencia, de hecho, se pretende arrebatar al dueño de los medios de producción los medios que él tiene de generar riqueza para sí, que no son otros que el alquiler de la mano de obra trabajadora en régimen de explotación.  ¿Habría que incorporar los medios de producción al Estado? Pues depende de a qué Estado, claro. Si consideramos que la titularidad estatal de los medios de producción define en esencia el Estado socialista, estaríamos diciendo que la España de Franco, cuyas  industrias agrupadas en el INI pertenecían al aparato dictatorial y militar del Estado, así como la Italia de Mussolini o la Alemania de Hitler, eran en esencia socialistas. Y nada más lejos.
Así que empezaremos por definir el Estado como lo que es, “violencia organizada de una clase contra otra”, definición dada por Lenin y que por vieja no ha perdido en absoluto vigencia.  Glosando a Engels, vemos que “Como el Estado nació de la necesidad de tener a raya los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de estas clases, el Estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida. . ."  Hete aquí el origen y la explicación de las democracias occidentales, que son las formas Políticas mediante las que el capital perpetra su dominio, en comandita con las relaciones económicas de explotación que la propia democracia burguesa promociona y ejecuta.    
Clamar, pues, a los cielos y a la tierra, por la estatalización de los medios de producción sin más, es una reivindicación incompleta  si no se tiene en cuenta el carácter de clase de las relaciones sociales. Así, para la consecución de un modelo económico controlado por el Estado y que éste sea justo, cooperativo, solidario y digno, es necesario implantarlo en el seno de un Estado obrero, es decir, controlado por un partido de índole revolucionaria que incorpore para la clase obrera los resortes del Estado anterior.
El problema actual: manipulación, desorientación y técnicas de mercado en propaganda política.
Arduo y difícil se antoja la fundación y la identificación correcta de un partido obrero en el seno de la democracia burguesa. Este sistema en apariencia democrático se articula en torno a conceptos publicitarios que orientan la opinión pública según ciertos emblemas inamovibles, mitos incontestables y tabúes indiscutibles que parcelan las reglas de juego a favor de aquéllas fundaciones que gozan del beneplácito de los grandes empresarios y los medios de comunicación. Cualquier desviación respecto al sistema capitalista sería tachada cuanto menos de “anti-constitucional” o “autoritaria”, construcción sintáctica que exime cualquier explicación de contexto.  La retórica mediática confunde deliberadamente los términos “libertad” y “comercio” de forma que invocando el primero en verdad garantiza la soberanía del segundo. La libertad de mercado consiste en inhabilitar el arbitraje del poder político en lo tocante a las relaciones económicas entre la sociedad y los productores, de forma que éstos últimos poseen plena libertad para especular con el trabajo humano, rebasando las fronteras y los idiomas en pro de la consecución de mano de obra barata con la que enriquecerse y ampliar su radio de actuación. La sumisión de la sociedad a la dinámica del beneficio no procura sino la estratificación cada vez más extrema de las clases, engendrando a medida en que pasan los años una reducidísima clase capitalista que se enriquece de la plusvalía generada sobre los productos que venden por parte de una numerosísima clase trabajadora, que hoy día se concentra en enormes bolsas de pobreza a lo largo y ancho del planeta.
Esta clase capitalista impone las leyes laborales que nosotros acatamos porque el poder político conformado ad hoc las hace legítimas al trasvasarla por entre los cauces de la jurisprudencia y la democracia. Se supone, pues, que la legislación, pese a estar auspiciada y complacer únicamente a la clase capitalista, poseedora de los medios de producción,  emana del pueblo y sirve a éste, ya que éste consiente en depositar su opinión cada cierto tiempo sobre qué miembro de la élite habrá de interpretar el papel que sólo el capital le asigna. ¿Cómo revocar el dominio del poder político, si en teoría garantiza la libertad decisión del ciudadano?
Surge, imprescindible, la necesidad de crear un partido obrero que concurra al juego plebiscitario de la burguesía. Surge la necesidad de poseer un partido revolucionario que efectúe el trabajo de base necesario para que la sociedad reclame la revolución, mas no surge la necesidad de un partido revolucionario integrado en el seno de la democracia burguesa para que, a través de ésta y participando de sus reglas de juego, conquiste el poder político y económico mediante las elecciones. Si algo nos ha demostrado la historia es que la social-democracia no es sino un pequeño oasis en extinción si no dedica a preparar la lucha Internacional de las clases oprimidas y sólo se dedica, como así ha sucedido siempre, a medrar en las condiciones impuestas por el capital.   La social-democracia es un estadio inmediatamente precedente al capitalismo salvaje, que de ésta habrá de aprovechar la mansedumbre de la sociedad acostumbrada a no hablar de conciencia de clase, de lucha o de dominio.
La creación de un partido, en esencia, sirve para aglutinar a la clase obrera en torno a unos objetivos que habrán de conseguirse mediante la huelga y la desobediencia.  Sobre el sufragio universal hablaba Engels, definiéndolo como "el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca más, en el Estado actual". De esta forma, el partido revolucionario es un medio para conseguir que la clase obrera madure y sólo madurará si dicho partido trabaja codo con codo con la clase a la que sirve. 
Sindicatos y transición
Para el trabajo de base que dicho partido efectuará con la clase obrera es necesario tener en cuenta el papel de los sindicatos. El partido habrá de coadyuvar en la labor del sindicato y unirse en cada lucha y reivindicación que organice, pero nunca relegar su labor política en virtud de las conquistas sindicales. Los sindicatos no tienen, y, por sus objetivos, su composición y el carácter de su reclutamiento, no pueden tener un programa revolucionario acabado; por eso no pueden sustituir al partido” (León Trotsky, programa de transición)
El sindicato, pues, merece crédito por parte del partido revolucionario y la clase obrera, siempre teniendo en cuenta el carácter burocratizado de los sindicatos de masas, tendentes a la negociación y al inmovilismo. El partido, en representación de la sociedad trabajadora, velará por la renovación de los líderes sindicales, en tanto no se constituyan en nuevos agentes del poder político destinados a aplacar la lucha y negociar condiciones irrisorias. Un buen ejemplo de estas premisas, formuladas hace ya  mucho tiempo, lo encontramos ahora con el papel de CC.OO y UGT respecto a la crisis. Su total integración en el aparato de estado y la domesticación de sus líderes juega en ocasiones un papel nefasto para las clases populares, confundidas a la hora de reclamar sus derechos. No por eso hay que obviar que ellos poseen el monopolio de la huelga, nuestra principal arma para derrumbar el dominio de la burguesía, arma que Siempre debemos utilizar de forma combativa. Nunca hay que cuestionarse si es conveniente secundar la huelga o no, por temor a favorecer a tal o cual sindicato oportunista. La huelga sólo favorece a la clase obrera y perjudica al dominio del capital, que tiembla por la sola posibilidad de que la sociedad comience a reclamar lo que le pertenece, los obreros el control de las fábricas, los campesinos la propiedad del campo, el pueblo la soberanía sobre los bancos y el flujo de capital nacido de su trabajo esclavo.  

viernes, 9 de marzo de 2012

Sobre culos reales que producen auténtica peste

Ha levantado bastante revuelo la foto que abajo adjunto en que las reales posaderas de Leticia y las pijitas nalgas de Carla Bruni compiten en andancias y curvaturas a la entrada de no sé qué acto importantísimo. Algunos sectores, encabezados por Boris Izaguirre, han definido el hecho de publicar la foto como “machista”, porque la imagen acentúa la grávida secuela que sus culos dibujan sobre el muslo, con lo que podría indicar, si nos remitimos a las costumbres interpretativas de los teóricos de la iconicidad, una suerte de analogía visual/verbal que acaba reduciendo el sujeto, las sujetos, a sus regiones destacadas en el lienzo. O sea, “si sólo sacamos sus dos culos, estamos diciendo que estas dos mujeres de alcurnia tan fundamentales para la sociedad occidental solo son esencia dos culos bonitos.” 


Pues, sinceramente, ambas son guapas de cara, demasiado delgadas para mi gusto, pero de ningún modo tienen grandes tetas. Eso lo sabe todo el mundo. No obstante Carla Bruni se quedó preñada hace no mucho, con lo que las tetas se le han tenido que hinchar un poquito, y Leticia también ha engendrado ya un par de sapiens-sapiens borbónicos, con lo que ha debido cosechar también algo de masa para sus pechitos de princesa famélica.  Sin embargo, al verla uno de frente con su osamenta de gacela herida y sus piernecitas tiernas, entran ganas de encontrar un punto de vista en que se aprecie más carne, como su retaguardia, que por mero imperativo anatómico aún conserva cierta cantidad de tejido deshuesado. Con Carla Bruni pasa tres cuartos de lo mismo, así que atendiendo al atractivo estético de ambas fisonomías podríamos resolver que si bien no son solo un par de culos,  al igual que la Torre Eiffel no es París entera,  es en sus culos donde reside mi curiosidad sexual para con ellas, la mía y la de más gente.  Pero, ¿acaso debe aplicarse la curiosidad sexual o científica que suscitan sus culos como criterio determinante para la publicación de la foto? Eso sería “machismo”, desde luego, si atiende la demanda de lectores heterosexuales, y algo así como feminismo (pregunto) si complaciera las pretensiones de las lectoras lesbianas.  Perpetrará la imagen tres papeles, por un lado machista, por otro feminista y por otro indiferente, al mismo tiempo en que la analizan ojos heterosexuales, homosexuales y ojos despreocupados.

Lo importante es que desde las altas esferas de esta sociedad nuestra se pretende difundir una imagen de lideresas trabajadoras, eficientes, sugestivas y ejemplarizantes.  Como si hubieran aprobado unas oposiciones para ser a un tiempo princesa y presidenta consorte, cuando en realidad están ahí porque son mujeres fértiles y guapas. Aquello que las une es que han sido elegidas por dos hombres importantes para dar rienda suelta a su descendencia. Veamos: “Líder ultraderechista francés se casa con una modelo”… ¿para hablar de sus cosas? ¿No, verdad? Se casa con ella por el culo (de ella), al igual que el príncipe Felipe. Leticia tiene su carrera y tenía su trabajo y todo eso, lo cual podría decirse que la honraba, mas sólo conserva ahora su título universitario, porque ya únicamente trabaja de princesa porta-bebés y viste-vestidos, con lo cual el sentimiento machista que se desliza de la foto no viene dado por el ángulo ni por el encuadre, sino estructuralmente por el propio carácter del papel de ambas mujeres en sus respectivas instituciones.  ¿Se casa el príncipe con Leticia porque es una mujer trabajadora? De hecho no, se casa con ella por los motivos que sean, pero seguro que no por su actividad profesional porque una vez que contraen nupcias de lo que fue Leticia en La Primera no queda ni rastro, salvo su esqueleto.

Se dice que ese culín tan mono que les sale a ambas no es por la maestría de sus genes, que también, ni por el tiempo dedicado en un gimnasio a solidificar su regia firmeza, que puede que también, sino por el vestido. “Con ese vestido de Cristian Dior me sale buen culo a mi también” se oye por entre los vomitorios de España. Debe ayudar, sine dude, la enjundiosa línea de un Dior o Chanel a la hora de componer un culo prieto y resbaladizo como el de la princesa, tan suculento para los camarógrafos. No todo el mundo puede llevar ese vestido, es evidente, porque vale muy caro. La princesa lo lleva porque se lo hemos pagado entre todos, así que al verla entallada en tal joyita me invade un sentimiento que media entre la lascivia y la paternidad. Digamos que cualquiera de nosotros podría decir “déjalo, que lo luzca, para eso se lo hemos comprado” y en cierto modo tendríamos derecho a ver publicadas fotografías del vestido y su cuerpo bajo éste desde el ángulo que hiciera falta.  De algo deben servir los gastos de representación, aunque la propia representación ataque, como en este caso, a los conceptos que tienen algunos sobre el sexismo o la ordinariez. No deben preocuparse, pues, los discutidores de este tipo de causas, ya que siempre nos podrán echar la culpa al pueblo por vestirlas como unas putas.



jueves, 16 de febrero de 2012

Sobre la importancia del orden (privado)


Hablo de orden privado y no hablo de paz, de guerra ni de organización, sino de orden doméstico, del orden de los cuerpos.  Me es indiferente ordenar los discos por índice alfabético, o los libros por autores o estilos, o los apuntes por asignaturas, o almacenarlos todos enredados en un cerro de escombros. Prefiero, cuando tenga que estudiar,  extender mi mano espeleóloga dentro de la mochila y hallar un disco antes que mis apuntes, e inevitablemente consagrar la tarde a su música y a desgarrar los folios en el reproductor de cedés. Cuando hallo un libro, leo, me pido una cerveza, e incluso meo después, a su debido tiempo.
Mi cuerpo es, venía diciendo, orden, un orden donde se insinúan los años, en todo caso, pues, como en tu cuerpo. Reconozco que a veces me pregunto ¿cuál es la diferencia entre mi perra y yo? ¿Entre mi perra y el pez, entre el pez y la planta, entre la planta y yo? El orden de sus átomos y el orden de los míos. Materia somos todos, y la misma. Agua y carbono, oxígeno, calcio, hierro, sodio, fósforo, yodo, hidrógeno, cloro, azufre y magnesio.  Ninguna de estas sustancias cesará jamás de existir, sino su distribución, que será en un tiempo forma humana, tierra, hoja o perro.  Éstos últimos, materialmente idénticos a ti, no inventarán a Dios ni propugnarán filosofías para exterminarlo. Se limitarán a su cometido, la tierra a parir y sostener, la planta a fotosintetizar, el perro a lamer manos y a buscar comida.
De aquéllos elementos ordenados nacerán los rostros y las tetas, más áureos o imperfectos en función de qué cánones,  sin duda iguales a algunos que ya se conjugaron y otros originales, fruto del prurito evolutivo y concupiscente de la especie.  Los cuerpos erigirán estatuas a otros cuerpos igualmente ordenados y compuestos, pretenderán mezclarse con las infraestructuras  y dominar las calles con sus nombres. ¿Qué vale un nombre abstracto, cuánto valor posee la adaptación escrita del fonema con que referimos al congénere? Según algunos, mucho. Da fe de las penurias de la raza.
Partimos de los átomos, decía, de un origen idéntico, no sólo entre los hombres, sino entre las especies, para luego diferenciarnos, según qué óvulos y qué criterios.  Unos cuerpos, muchos, construyen las estatuas de uno solo.  Muchos cuerpos análogos edifican las iglesias, formidables, los palacios, los templos, las pirámides, para uno solo.  Qué absurdo legado nos prestan nuestros antepasados, advierto, cuando visito ciudades y observo sus estatuas, colosales algunas y otras más modestas, veleta de esquinas o alfanje de los vientos.  En la basa de la gran estatua leo: “El pueblo, a su rey”. Nunca leo “el rey, a su pueblo”.  Leo “Lisboa, a Manuel V” o “Sevilla, a María de las Mercedes”. Nunca leo “La aristocracia, al pueblo de Sevilla”.  En Sevilla, la torre más antigua reverencia a Alá. La más moderna, en construcción, al banco Cajasol. Entre tanto, a cientos, iglesias cristianas, de barrio o catedralicias, con planta de cruz de latina, loor de dios católico. Efigie del cid campeador. Memorándum de Fernando III El Santo. Después, “Sevilla, a Isabel I”. “Para gloria de su pueblo, este edificio fue mandado a construir por Felipe II”. Cruza por el puente de Isabel II y observarás el dique de Alfonso XIII. A la izquierda el puente del generalísimo, más abajo, el costurero de la reina. Parque de María Luisa y plaza de España… ¿A quién estará dedicada  esta plaza?
El orden de los cuerpos ordenados en mujeres y hombres tiende siempre a la muerte, se desgasta. Deviene en alboroto con el paso del tiempo, se mezcla la sinapsis con el tedio, la digestión con heces, la eyaculación con vómito. Ya no se encuentran entre sí las células y van enemistándose las palmas de las manos, el corazón se desordena y para y con él cae en desorden la totalidad del cuerpo.  Un cuerpo yerto ya, como otros tantos, que retorna a la tierra y será planta, será carne de insecto y lametón de perro. Luego otra vez humano (quién sabe si una oreja o todo un corazón) cayendo y recayendo en el ritmo imparable que imponen los milenios.  El cuerpo dominando, dominado, continuará, seguro, produciendo: Hará nuevas estatuas y nuevos catecismos, hará el amor con alguien y morirá de celos, arará la tierra y hará pan con el trigo, poemas con los versos.  Es este su destino mientras coincidan los elementos, porque  cuando sea de nuevo el perro o la planta, no sólo no estará facultado para hacer ninguna de estas cosas: lo peor es que ni siquiera podrá creer en la revolución.   

Considerando en frío, imparcialmente...

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado…

César Vallejo